sábado, 2 de enero de 2016



EL AGRO EN EL LLAMADO POSCONFLICTO.

Muy bien que en Colombia el conflicto armado se esté resolviendo por la vía de la negociación política; luego del fracaso de los insurgentes en su pretensión de tomarse el poder y del gobierno al no derrotar militarmente a la guerrilla, es conveniente haber optado por una negociación, cuyo aspecto central sea el  llegar finalmente a dejar las armas como instrumento de lucha política.

El escenario del conflicto se ha desarrollado principalmente en el sector rural del país, que ha generado, conjuntamente con otros factores, un desplazamiento de la población, de los mayores del mundo.
Paralelamente al conflicto, durante los últimos veinticinco años se ha impuesto un modelo económico que en cifras, aumento la compra de productos agropecuarios en el extranjero, desde 400 mil toneladas, hasta 10 millones 400 mil toneladas, lo cual no merece calificativos benignos a la hora de los balances.
El censo rural recientemente culminado, luego de cincuenta años sin realizarlo, desnuda la situación que muchos veníamos denunciando, cuyas cifras, que comienzan a revelarse, muestran que la situación del agro nacional no podía ser peor y no constituyen ningún motivo de orgullo para quienes han gobernado este país.
Lo firmado en la Habana, en el campo de lo rural, se ha insistido por parte de los negociadores del gobierno, no contempla la modificación del modelo económico, causal central del “despiporre” en que se encuentra el agro nacional. Esto fue también aclarado cuando a raíz del paro agrario nacional, se negociaban las medidas de alivio para lo que los agricultores en movilización denunciaban con reciedumbre; el ministro Iragorri, desde la cartera de gobierno, entonces, fue enfático en precisar a los negociadores campesinos, en el mismo sentido: el modelo no se negocia; si quieren modificarlo, tiene que derrotarnos políticamente, de lo contrario, enfatizó el hoy ministro de agricultura,  es dentro del  marco neoliberal que se debe negociar.
Con estas claridades, el posconflicto debe, según la versión gubernamental, desarrollarse dentro de un piloto económico que incluye el libre comercio, los TLC y todo lo que ha causado esta política, de manera preponderante y que todo el mundo reconoce ha generado un país en donde la inequidad económica, es una de las características principales que describen nuestra nación, amén del  sesgo profundamente anti rural.
Vana ilusión se hacen quienes creen  ingenuamente que los gobernantes y sus partidos políticos tienen, luego de farisaicos golpes de pecho, el propósito de la enmienda real y genuina.
Quienes tienen dudas sobre lo anterior, observen la propuesta de las Zidres,  que profundizan la inequidad rural, entregando tierras que la Constitución Nacional tiene destinados para los campesinos sin tierra, en tanto se parlotea amor por los campesinos. Proponen sembrar un millón de hectáreas y simultáneamente apresuran la importación de casi 1 millón de toneladas adicionales de alimentos.
Nada de engaños; detrás de una buena causa como la paz, quienes nos han gobernado, pretenden “emmochilarnos” la radicalización de un modelo, que ha demostrado su fracaso para la nación y la población campesina.


Eudoro Álvarez Cohecha